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domingo, 1 de marzo de 2026

"LUGARES ANTIGUOS DE LA HISTORIA CLÁSICA DE ESPAÑA".

GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, FOLCLORE, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE ESPAÑA:

EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....

Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "RECORDAR TAMBIÉN ES VIVIR"; "HISTORIAS DEL MAR"; "CRÓNICAS HISTÓRICAS", “ESPIGOLANT CULTURA: Taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias.

"LUGARES ANTIGUOS DE LA HISTORIA CLÁSICA DE ESPAÑA".

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL.... ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B. cronista histórico).

- (En homenaje a mi tierra, a mi país, a sus gentes, a sus memorias y a su historia).

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: 

(Documento 1º, fechado en el siglo cuarto después de Jesucristo):

ORA MARITIMA DE RUFUS FESTUS AVIENUS: La "Ora Marítima" es un poema geográfico escrito por Rufo Festo Avieno en el siglo IV d.C., que describe las costas de la península ibérica y otras regiones europeas.  

TEXTOS DE RUFUS FESTUS AVIENUS EN SU OBRA "ORA MARITIMA":

- La marisma de Nácaras 149; tal es, pues el nombre de la costumbre dio a esta marisma; y en medio de la laguna sobresale una pequeña isla, fecunda en olivos y por ello consagrada a Minerva.

- La Albufera, en el ámbito literario están las del historiador y naturalista romano Plinio el Viejo, que en el siglo I lo describió como “el estanque ameno”. Tres siglos después, el también romano Festo Rufo Avieno le dedica versos y lo llama “Palas nacararum”, el “lago de las nácaras”, lo que nos informa del reflejo del sol en las innumerables conchas nacaradas de moluscos del fondo, y, naturalmente, demuestra la gran claridad de sus aguas que lo permitían.

(Documento 2º, fechado en el siglo segundo después de Jesucristo):  

LA GEOGRAPHIA DE PTOLOMEO: Claudio Ptolomeo. Escritor, geógrafo, matemático, astrónomo y astrólogo greco-egipcio (c. 90 – c. 168). La "Geografía" de Claudio Ptolomeo es una obra del siglo II que sistematiza el conocimiento del mundo conocido mediante coordenadas geográficas y mapas, sentando las bases de la cartografía moderna.

- La Geographia de Ptolomeo presenta dos referentes de medición para la costa. Por un lado, un conjunto de datos que se agrupan por capítulos que son descritos como una ora marítima, particularmente para la costa mediterránea de la Tarraconense (Ptol. II, 6, 13 - 19). También existen otras referencias de ciudades costeras que no aparecen en estos listados como ora marítima (así, la costa occidental de Andalucía, ya definida desde Ptol. II, 4, 4 - 7; 13). Da la impresión de que, como hemos dicho, las coordenadas “atlánticas” y las “ mediterráneas” se han hecho desde parámetros diferentes.

Ptol. II, 6, 14 (Contestanorum ora maritima)

Lucentum ........................... 12º 10´ (37º 30´)

Carthago Nova......................12º 15´ (37º 55´)

Scombrarium promontorium.. 12º 55´ (38º 05´)

Taberis fluvii ostia................ 12º 30´ (38º 30´)

Alonae ................................12º 40´ (38º 35´)

Saetabis fluvii ostia .............. 13º 00´ (38º 45´)

Illicitanus portus .................. 13º 30´ (38º 45´)

Sucronis fluvii ostia ............. 14º 00´( 38º 50´) 

Ptol. II, 6, 15 ( Edetanorum ora maritima)

Pallantiae fluvii ostia .............14º 40´ (38º 55')

Turis fluvii ostia ...................15º 00 (39º 00´)

Dianium...............................15º 45´ (39º 30´) 

Ptol. II, 6, 16 ( Ilercaonum ora maritima)

Tenebrius Portus ..................15º 30´ (40º 00)

Tenebrium promontorium ......15º 55´ (39º 40´)

Iberi fluvii ostia.....................16º 00 (40º 30´) 

Ptol. II, 6, 17 ( Cossetanorum ora maritima)

Tarraco ...............................16º 20´ (40º 40´)

Subur .................................16º 50´ (40º 45´) 

Ptol. II, 6, 18 ( Laietanorum ora maritima)

Barcino ...............................17º 15´ (41º 00´)

Rubricati fluvii ostia.............. 17º 30´ (41º 00´)

Baetulon..............................17º 50´ (41º 20´)

Lunarium promontorium....... 18º 30´ (41º 30´)

Aeluro ................................18º 00 (41º 45´)

Blanda ...............................18º 15´ (42º 00´)

ADDENDA: ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN EMILIO PRADES):

BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

ARCHIVO FOTO-IMAGEN: 

Fotografías cedidas por J. E. Prades Bel.   

miércoles, 28 de septiembre de 2022

RELATO LITERARIO "EL ANOCHECER", ORPESA/OROPESA DEL MAR.

GENTES, COSTUMBRES, FOLCLORE, TRADICIONES, HISTORIAS, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN:

Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "RECORDAR TAMBIÉN ES VIVIR"; "HISTORIAS DEL MAR"; “ESPIGOLANT CULTURA: Taller de historia, memorias, crónicas históricas, patrimonios, humanidades, ...."; y otras historias.

(Proyecto): DATOS PARA LA HISTORIA DEL MUNICIPIO DE ORPESA-OROPESA DEL MAR (CASTELLÓN).

"EL ANOCHECER", UN RELATO LITERARIO PUBLICADO EN EL AÑO 1860, CENTRADO DESCRIPTIVAMENTE EN LA VIDA DEL AÑO 1834 Y EN EL ESCENARIO FÍSICO DE OROPESA DEL MAR Y SU LITORAL MARÍTIMO". 

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL....("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B. cronista histórico).

- (En homenaje a mi tierra, a mi país, a sus gentes, a sus memorias y a su historia).

INTRODUCCIÓN: El escenario descrito por el autor del siguiente relato literario, está centrado en tiempos de primavera del año 1834, y en el término municipal de Oropesa del Mar y en su costa litoral marítima.

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL, AÑO 1860: "MUSEO DE LAS FAMILIAS" PERIÓDICO MENSUAL PUBLICADO Y DIRIGIDO POR MELLADO. SEGUNDA SERIE—AÑO DECIMO OCTAVO. PERIÓDICO MENSUAL PINTORESCO, página 231-234. Museo de las familias (Madrid) "El anochecer" publicado en el año 1860. Escenario del relato Oropesa del Mar.

“EL ANOCHECER”. FRAGMENTO DE UN LIBRO INEDITO. II. Era, pues, una tarde de junio, en ese Mediterráneo de lenta ondulación, de tranquila y cristalina superficie, que le agita algunas veces, como si el inmenso lago quisiera recordar que su dulzura es voluntaria; como si quisiera decir á cuantos le habitan: puedo igualaren fuerza y magestad á todos los mares.

Un bergantín genovés cortaba á la altura de Oropesa aquellas aguas voluptuosamente juguetonas, favorecido por una brisa N. O., á la cual se mezclaba de tarde en larde el soplo caliente del viento de las costas».

Cruzó junto al bergantín una barca pescadora.

Los pocos hombres que tripulaban la embarcación genovesa, diseminados entonces sobre cubierta, llamaron gritando al patrón de la lancha, que se acercó á fuerza de remo hasta tocar con su barquilla las planchas del bergantín. 

Mediaron entre los de arriba y los de abajo algunas palabras, y poco después cayó un cofre de madera en la barca del pescador y una moneda de oro en la palma callosa de su mano. Un joven se deslizo al mismo tiempo del bergantín a la barquilla, y el barco genovés, tomando mar poco á poco, continuó muy luego su rumbo hacia Cartagena, mientras la ligera barca, izando su vela, la vela latina, caminaba rápidamente hacia tierra.

El sol comenzaba á ocultarse tras de las montañas, cuyos picos caprichosos protegen de los cierzos las floridas bahías de aquella costa. Perdíase, poco á poco entre las brumas del horizonte el casco del bergantín genovés, y continuaba la barca pescadora su marcha ligera y suave, únicamente dirigida por un niño de quince años, cuyos pies desnudos se apoyaban en un cesto de mariscos. El patrón de la barquilla, sentado tranquilamente en las tablas dé la popa, reflexionaba sin duda sobre la inesperada ganancia de aquella tarde, mirando con disimulada curiosidad el rostro y el trage de su pasagero.

Era aquel nuevo huésped de la lancha un joven alto y moreno, que apenas frisaría en veinte y cuatro años; cubría su cabeza un sombrero bajo de fieltro, echado hacia atrás, como lo usan los marineros, y dejando descubrir una frente severa y despejada, muy en armonía con una mirada penetrante y modesta, que probaba en aquel hombre una prematura reflexión.

A veces cruzaba por los ojos del recién llegado un relámpago de entusiasmo ó de alegría, que iluminaba toda su cara, y le imprimía un aspecto dominador; parecía en aquellos instantes que, seguido de mil embarcaciones, caminaba á la conquista de la dicha; luego se fruncía lentamente su entrecejo, como si desconfiara de sus propios pensamientos, y continuaba severo y mudo, de pie, en medio de la barca, recibiendo con ansia satisfecha aquellas ráfagas de aire perfumado y tibio, que la tierra mezclaba de vez en cuando á las brisas ligeras del mar.

Las olas aumentaban sus rizos sonoros, á medida que la lancha se acercaba á tierra; el Mediterráneo se mecía dulcemente en su lecho gigantesco; el sol se despedía de las aguas, lanzándolas los últimos reflejos, que besaban al bajar de las alturas la cortina de naranjos, higueras y granados, extendida en aquel sitio hasta la arena de una playa pacífica y desierta.

La barquilla, dominada como un juguete por el niño pescador, acortaba su marcha al entrar en aquel puerto misterioso, reservado por la naturaleza para la humildad de tal embarcación; y estasiado en el dulce silencio de la tarde miraba el incognito viagero las flores silvestres, derramadas con pródiga riqueza por aquel jardín oriental. Un gilguero, posado á pocos pasos sobre la copa de una palmera, lucia sus trinos flauteados; las olas se empujaban afanosas en la eterna tarea de escapar á su freno de arena, y resbalaban después suspirando, sobre sus perezosas hermanas. Nada interrumpía la calma grandiosa de aquel paraje, cuyo perfume dilataba con inefable sensación el rostro del recién llegado, mientras se deslizaba de sus ojos una lágrima sola y desapercibida.

Tocó la barca el límite de aquella alfombra azulada que se agita continuamente entre África y Europa. Bajó al agua el patrón, y arrastró la barquilla hasta encallarla en la arena. Pocos instantes después estaba en tierra el viagero.

—Hasta mañana con el cofrecillo, gritó volviéndose hacia la lancha; y arrojando á su fondo una propina, penetró por el bosque de naranjos, como quien pisa terreno conocido.

Caminó algún tiempo con paso seguro, aunque ligero, oyendo sin volverse la música imponente y majestuosa que se llama mugido del mar. Luego comenzó á variar de fisonomía, y poco á poco perdió su serena impasibilidad.

Las precoces arrugas de su frente dejaron lugar á una candorosa sonrisa: su marcha se hizo rapidísima para cesar de vez en cuando repentinamente. Entonces cambiaba el joven de frente, y buscando entre los árboles un hueco, dirigía su vista hacia el mar, que limitaba con su azulada estensión aquel melancólico paisage. Después volvia á marchar con prisa creciente; se paraba otra vez en cada recodo de la senda que atravesaba aquellas huertas, y escuchaba arrobado el canto de los mirlos ó el gorgeo de un ruiseñor, mezclado al susurro de los árboles. Parecía que aquel joven sereno se había convertido en niño.

Anduvo de tal suerte hasta llegar á la primera colina. Allí se detuvo nuevamente; miró con estasis melancólico la vegetación, que se ostentaba ante su vista hasta la misma orilla del Mediterráneo; vagó por sus labios una sonrisa de dicha, al mismo tiempo que otra lágrima, arrancada quizás por un recuerdo de la infancia, se desprendía de sus ardientes ojos; y con aquel paso incierto y desigual, comenzó a subir por la verde pendiente, pegando en sus rodillas con el sombrero que llevada cogido por el ala, mientras ahuecaba su cabello descuidado aquel viento singular y abrasador que había notado en la barquilla.

Unas veces se inclinaba delante de sus pies para percibir el aroma de un jacinto silvestre, cuyo tallo se doblaba sobre la orilla de la senda; otras, recogía con íntima satisfacción esos rumores indescriptibles y suaves que pueblan la soledad de los campos; luego se paraba para juzgar por lo que había caminado lo que aún le faltaba caminar, y comenzaba, sin saberlo él mismo, un canto pausado y cadencioso, parecido á las playeras andaluzas.

De pronto volvió la vista á su alrededor, como si le faltara alguna cosa en aquella esplendidez de luz, de aromas y de armonías; y su mirada, dirigida primero á todas partes con igual inquietud, se paró tenazmente en una de las blancas cabañas habitadas por los campesinos de aquellas huertas. Observó muy despacio la pobre y pintoresca casa; miró luego la de más allá; se fijó después en otra reducida habitación, que ocupaba el centro de un cercado de cañas; buscó por último con la vista en todas las huertas, en todo; aquellos cuadros que se prolongaban entre el mar y la colina, ocupando el cuarto de legua que acababa de atravesar.

Ni un hombre, ni un niño, ni una sombra de persona se descubría en aquella estension, otras veces tan poblada. Pacían acá y allá algunos caballos; se descubrían algunas vacas, cerca de la última casa; se oía la campanilla de una cabra abandonada al pie de la misma colina; pero ni un pastor, ni un guarda, ni un ser humano hallaba la mirada del inquieto joven.

Continuó subiendo con celeridad, porque el sol dejaba ya muy atrás sus pasos, y cuando al seguir las vueltas de la senda por donde caminaba llegó á encontrarse sobre el techo puntiagudo de una de aquellas rústicas y blancas casas, gritó con toda la fuerza de sus pulmones: —¡Eh! María.

Y su voz, estendida por la florida llanura, se perdió poco á poco entre el ruido de los árboles. Y cuando afanoso y conteniendo el vaivén de su respiración esperaba el ruido de otra voz, oyó tan solo el rumor majestuoso de las olas, que llegaba purísimo á la altura de la colina. Y cuando buscó con los ojos algún movimiento causado por su grito, percibió' solamente á lo lejos un punto negro que marcaba sobre la superficie azulada del mar la barca que le había conducido, trabajando á la sazón por doblar la punta de Oropesa.

Entonces se arrepintió del premeditado silencio que había guardado en la barca; buscó inútilmente en su imaginación la causa de aquella soledad, y poseído de una inquietud creciente, caminó largo rato con mucha rapidez.

Piso por fin la meseta de la colina. Recobró la animación como si en aquel punto ya todo le inspirase confianza, y acortó su marcha un instante para deleitarse en el panorama que descubría al suave crepúsculo de la tarde: para saborear poco á poco aquella perspectiva consoladora.

Era en verdad, estraño y ameno el ancho valle que comenzaba en aquel lado de la colina. Sobre una ilimitada capa de verdura, destacaban sus blancas paredes numerosas casas, esparcidas sin orden, unidas unas veces, y separadas otras por mil árboles de géneros y aspectos distintos. Ostentaban algunas la altura de sus dos pisos, saliendo atrevidas del fondo de una pradera jaspeada de dalias y claveles; otras más modestas, solo levantaban del piso un mirador rodeado de jazmines, que dominando la colina, se convertía en un balcón sobre el Mediterráneo; las había, en fin, aun más humildes, cuyas bajas ventanas, cubiertas de enredaderas y pasionarias, se abrían únicamente sobre el campo que las cercaba, como si su techumbre, escondida entre los árboles, debiera recordar que solo en aquel terreno querían vivir sus ignorados dueños.

Al otro lado de la cuenca, ocupaba la falta de una montaña un pueblo colocado sobre el risueño valle, como un señor natural, y bañado por el mismo arroyo, cuyos cristales alimentaban la varia vegetación del paisage. Pero aquel pueblo que se presentaba reclinado con orgullo sobre la falda del pequeño monte, como descansa un conquistador sobre sus coronas, fe veía humillado á su vez por una torre blanquísima, que levantaba su aguja y su cruz hasta la altura del humilde cerro.

El joven caminante, á pesar de su inquietud, á pesar de la escasa luz que ya podía disfrutar, sintió al descubrir aquel nuevo horizonte una indescriptible conmoción que se reflejó un instante en su cara.

Pero apenas había detenido la vista en los accidentes del pintoresco valle, apenas había fijado sus miradas en una casa del inmediato pueblo, cuando aumentó repentinamente su ansiedad, y comenzó de nuevo su marcha entrecortada, aunque rápida.

Y era que en aquel campo faltaba también hasta la sombra de un ser humano; y que allí no se percibían siquiera aquellos escasos restos de ganados que el joven había mirado en la playa; y era que en aquella hora del anochecer, que tantos ruidos, que tanta animación, que tanta y tan grata vida presenta en los valles, no se descubría entonces una sola familia que se retirara, ni un pastor que recogiera cantando su ganado, ni un campesino que volviera tranquilo al hogar.

El valle estaba solo; pesaba sobre su aspecto la falta del hombre, del impulso constante de la tierra, del segundo removedor de la naturaleza terrestre. Las mismas aves habían huido y yacían exánimes en sus nidos.

La luz de la tarde no había desaparecido por completo; pero un manto canicular, una nube cargada y opaca cubría la atmósfera entera, y sin oscurecerla totalmente la daba un aspecto lúgubre, abrumador, siniestro.

El joven, convertido en niño, se sintió profundamente angustiado; anublóse su rostro espresivo y comenzó á correr por aquella pendiente mirando á todas partes como si alguno le persiguiera; respirando con trabajo, serenándose  medías para buscar el rastro ó la imagen de un ser amigo y continuando luego su incierta marcha.

Así atravesó todo el valle, llamando en cuantas casas hallaba, mirando por todas las ventanas, indagando sin fruto y con ansia indecible.

Cuando solo le faltaban cien pasos para entrar en el pueblo de la blanca torre, se detuvo un momento ilusionado con una ligera esperanza.

—Ya comprendo, dijo en voz alta, hablando consigo mismo; fiesta en Oropesa, ó la de Alcalá.

—¿Pero habían de marcharse todos, todos?...

Y antes de que pudiera contestar á aquella sensata objeción de su instinto, llegó á sus oídos el tañido de las campanas que en lo alto de la blanca torre doblaban fúnebremente.

Se heló sobre el rostro del mancebo el sudor que cabría su frente, contrajéronse sus varoniles facciones, y con paso más lento caminó al pueblo procurando dominar el pavor que asomaba tenaza su fisonomía.

Entró por fin en la primera calle cuando caían sobre las paredes las últimas y melancólicas tintas del crepúsculo.

No reparó en la soledad de aquel sitio; no vacilaron sus pasos detenidos como en la colina por gratos recuerdos, no volvió la mirada hacia el mar que desde allí se descubría en lontananza como movible sábana de niebla.

Pasó delante de una puerta cerrada, luego de otra, y de otra, y de otra. Clavó la vista en el cielo como para pedirle que no despedazara su alma con la esplicación de aquel misterio. Y solo una atmósfera pesada, oscura, tristísima; esa atmósfera que cubre la tierra siempre que la Providencia descarga sobre ella una de sus desgracias, cuyo sello está desde que llegan en toda Ja creación. Y solo percibió entre aquella capa de aire opaco y caliente el sonido acompasado y lento de las dos campanas que á largos intervalos formaban combinadas el quejido metálico del toque mortuorio.

Pero era hombre al fin; era joven, y por muchos augurios fatales, por muchos presentimientos de desdicha que sintiera y tocara en torno suyo, no podía detenerse ni retroceder.

Había en su alma, por otra parte, un impulso superior á la fuerza del miedo y á la de todos los impulsos humanos: amaba.

Se acercó, pues, pálido á la quinta casa de aquella solitaria calle; levantó presuroso el pestillo de una puerta más aristocrática que sus vecinas, y dejándola del todo abierta penetró sin vacilar en el zaguán.

—Dolores, gritó con voz angustiosa, Dolores... Lola.

Pero nadie contestó á su grito.

Entró en una sala baja cuya puerta halló franca ante sus pasos; subió luego al piso superior, atravesó gabinete y alcobas, salió por un pasillo á la azotea cubierta de tiestos que daba sobre una huerta á la parte posterior de la casa. Todo lo halló perfectamente colocado, con ese orden limpio y humilde que rebosan las buenas habitaciones campestres; todo estaba en su puesto como si la vida se hubiera retirado un momento antes de aquella casa.

Pero todo estaba solo, abandonado, desierto.

Erizóse, poco á poco el cabello del mancebo, desencajóse su rostro por completo, y dominando apenas el pánico terror que le poseía, acercóse meramente al pico de la escalera y grito con voz acongojada:

—¡Jorge!... ¡María! ¡Lola, Lola!.

Pero solo el eco respondió en el cielo de la sala baja como pudiera en el fondo de una caverna... Lola...

Helóse la sangre en las venas del recién llegado y dio un paso para bajar el primer escalón.

Al mismo tiempo, una de aquellas brisas del Mediterráneo que dominaban a veces el viento de Occidente, cerró con violencia la puerta de la calle.

El joven tembló al escuchar aquel golpe que le encerraba en la desierta casa, y dejando caer su sombrero, bajó las escaleras corriendo como si le persiguiera la sombra de la muerte.

Atravesó el zaguán con paso rápido y su rostro descompuesto, abrió la puerta temblorosamente y dio el primer paso en la calle solitaria.

El médico del pueblo atravesaba entonces aquella calle. —¿Qué hay?... ¿dónde? le preguntó el joven, asiéndole por un brazo y sin poder coordinar sus palabras…

— ¡Mal, mal, el cólera crece! , contestó desprendiéndose el médico. Y continuó su camino, mientras el joven desfallecido, caía sobre el banco de piedra colocado delante de la casa. Y Seguían las campanas su lúgubre toque. Era ya totalmente de noche.

MUSEO DE LAS FAMILIAS. SEGUNDA SERIE. — 1860. AÑO XVIII. 30.

ADDENDA: ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN EMILIO PRADES):

Referencias citadas: bergantín genovés; brote de cólera de 1834; puerto misterioso, reservado por la naturaleza para la humildad de tal embarcación;...

Vegetación citada: palmera; jacinto silvestre; bosque de naranjos; la cortina de naranjos, higueras y granados, extendida en aquel sitio hasta la arena de una playa pacífica y desierta; pradera jaspeada de dalias y claveles; otras más modestas, solo levantaban del piso un mirador rodeado de jazmines,... 

- El Jacinto silvestre (Hyacinthoides non-scripta) es una planta herbácea (altura máxima de unos 40 centímetros) perenne y bulbosa de flores azules o blancas campaniformes, que florecen entre marzo, abril y mayo.

MUSEO DE LAS FAMILIAS, PERIODICO MENSUAL. El Castellano (Madrid). 12/1/1846. MUSEO DE LAS FAMILIAS, PERIODICO MENSUAL. Cada número consta de 48 columnas de impresión en 4.º marquilla, tan compacta que equivale en lectura á un lomo regular. Se reparte el 25 de cada mes desde enero de 1843, con su bonita cubierta de color, en la que se insertan anécdotas y anuncios. Los doce números del alto forman un tomo, para el cual se dan índices, portadas y cubiertas. Los artículos del Museo escritos la mayor parle por nuestros literatos más célebres ó traducidos de las revistas extranjeras más acreditadas, versa en todos sobre las siguientes materias: historia, poesía, novelas, viajes, costumbres, causas célebres, historia natural, biografía, industria, bellas artes &c. La mayor parte de los artículos van adornados con primorosos grabados, y la impresión y papel es de lo más esmerado y exquisito. Se suscribe al Museo á razón de 3 reales al mes en Madrid y 30 por un año, en el gabinete literario calle del Príncipe, y 12 reales, por trimestre en las provincias y 40 por un año, en casa de todos los corresponsales del Sr. Mellado, director y editor de este periódico. Todos los que se suscriban y paguen de una vez el año 1846 antes del 31 de enero de dicho año, recibirán gratis la Galería de la literatura española. 

BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

ARCHIVO FOTO-IMAGEN: OROPESA DEL MAR EL ESCENARIO REAL DE "EL ANOCHECER", 100 AÑOS DESPUÉS.










Oropesa del Mar, año 1811

Oropesa del Mar, año 1811



 

viernes, 6 de mayo de 2022

LA VISITA CIENTIFICA A OROPESA DEL POPULAR MARIANO CASTILLO EL EDITOR DEL FIRMAMENTO Y EL CALENDARIO ZARAGOZANO.

GENTES, COSTUMBRES, FOLCLORE, TRADICIONES, HISTORIAS, PATRIMONIOS, Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN:

Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "RECORDAR TAMBIÉN ES VIVIR"; "HISTORIAS DEL MAR"; “ESPIGOLANT CULTURA: Taller de historia, memorias, crónicas históricas, patrimonios, humanidades, ...."; y otras historias.

(Proyecto): DATOS PARA LA HISTORIA DE LA TORRE DEL REY Y EL FARO D'ORPESA/OROPESA DEL MAR.

“DESDE EL FARO DE OROPESA, LA DESCRIPCIÓN DEL ECLIPSE TOTAL DE SOL DEL 18 DE JULIO DEL AÑO 1860, EN LOS TEXTOS DEL ASTRÓLOGO Y METEREÓLOGO MARIANO CASTILLO OCSIERO ELCREADOR Y EDITOR DEL FIRMAMENTO Y EL CALENDARIO ZARAGOZANO”.

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL.... ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B. cronista histórico).

- (En homenaje a mi tierra, a mi país, a sus gentes, a sus memorias y a su historia).

INTRODUCCIÓ: Este artículo está centrado en los trasiegos y las experiencias de Mariano Castillo, entrañable persona que formaba parte de las delegaciones de físicos, astrólogos y astrónomos llegados a la provincia de Castellón para observar científicamente el eclipse total de sol que se produjo el día 18 de julio de 1860. El "Eclipse total de Sol" del 18 de julio de 1860 fue objeto de numerosos preparativos por parte de numerosos astrónomos de diversos países con más de un año de antelación. Varios autores consideran que se trata del primer eclipse solar que generó una preparación concertada internacionalmente, el eclipse solar de 1860 convirtió a España en el centro de peregrinación de los astrónomos más destacados de la época. Mariano Castillo fue el fundador del Calendario Zaragozano una publicación anual muy conocida, popular y necesaria en el mundo rural (para consultar la predicción del tiempo y la meteorología y los ciclos lunares), esta publicación estaba omnipresente en casi todos los hogares de España desde 1840 hasta la actualidad del año 2022.

LA FIGURA DE MARIANO CASTILLO: Mariano Castillo y Ocsiero (nació en Villamayor de Gállego (Zaragoza, España) el 2 de agosto de 1821 – falleció en Villamayor de Gállego, en abril de 1875) fue el astrólogo español más popular por haber publicado las primeras ediciones de El Firmamento en el año 1840, más conocido por "Calendario Zaragozano".​ Las ediciones de este librito-almanaque poseen siempre el retrato de su autor, dicha publicación perdura ininterrumpidamente desde el año 1840 hasta la actualidad del año 2022. Mariano Castillo realizó sus estudios en Madrid, con el objeto de ganar algún dinero inició las primeras publicaciones que las tituló: "El Firmamento". Tras ello al publicarse algunas ediciones se hizo añadir al título: "El verdadero y único legítimo calendario zaragozano para el año de (...), arreglado para toda España". Las predicciones se fundamentaban en el cálculo predictivo de la luna y el sol. El nombre Zaragozano era un homenaje al astrónomo español Victoriano Zaragozano y Zapater nacido en la Puebla de Albortón en el siglo XVI. Fue muy popular en su época, y posteriormente, elaborando almanaques en competencia con Jerónimo Cortés. (Información de Felipe Picatoste y Rodríguez, (1891), Apuntes para una biblioteca científica española del siglo XVI, Imprenta de Manuel Tello, Madrid.

EL CALENDARIO ZARAGOZANO: El Calendario Zaragozano es una publicación anual española que incluye una predicción meteorológica no científica del tiempo para un año, así como un almanaque. Este pequeño boletín se edita desde el año 1840 por Mariano Castillo y Ocsiero (es la persona que aparece en la portada de la publicación, y que se anuncia como el "Copérnico español"), e incluye esas predicciones. Ya desde las primeras publicaciones se hizo muy popular, sobre todo entre los campesinos, agricultores y ganaderos.​ El contenido del pequeño boletín viene indicado por el subtítulo: “Juicio Universal meteorológico, calendario con los pronósticos del tiempo, santoral completo y ferias y mercados de España”. Es frecuente encontrarlo comercializado en librerías y quioscos. El nombre del almanaque es un homenaje al astrónomo español Victoriano Zaragozano y Zapater que en el siglo XVI elaboraba sus propios almanaques.​

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL:

(Documento 1.º, textos del año 1860): 

- TEXTOS DE MARIANO CASTILLO DEL AÑO 1860: La Época (Madrid. 1849). 20/7/1860, n.º 3.738, página 2: "A la amistad del Sr. D. Mariano Castillo, persona tan conocida como distinguido escritor y excelente gobernante, debemos esta bella e interesante carta": “FARO DE OROPESA a 18 de julio (de 1860). ¡Qué magnífico e imponente espectáculo el de hoy! ¡Que cuadro tan indescriptible el que acabo de presenciar! ¡Qué grandiosidad de naturaleza en los momentos de la oscuridad!. Naturalmente se venían a mis labios sin cesar las palabras de Job: “Sic nomen domini benedictum” (Bendito sea en nombre del Señor).

- Las montañas de Oropesa, famosas durante las "guerras de las Germanías" de Valencia, y en nuestros días no menos notables, por los hechos de armas que tuvieron lugar en los siete años de la civil, han adquirido desde hoy una celebridad más laudable, por lo mismo que, no al estruendo de las armas, sino el movimiento pacífico de la ciencia es el que ha venido a hacerlas visitar.

- En medio de una áspera montaña se levanta un elegante faro de Tercer orden, que advierte al navegante a 20 millas los peligros de un cabo muy saliente. Alrededor de este edificio había esta mañana diferentes tiendas de campaña. 

- Una (tienda de campaña) destinada para S. A. el infante duque de Montpensier, que, como príncipe tan distinguido y amante de las ciencias, se le esperaba de Madrid a presenciar el eclipse.

- Las otras (tiendas) eran para la comisión científica del Observatorio de San Fernando, compuesta de su distinguido director D. Francisco Márquez y del astrónomo D. Enrique Garrido.  

- Otra (tienda de campaña) la ocupaban una comisión  de ilustrados marinos, representada por los oficiales D. Manuel Fernández, D. Agustín Serrano Mayoral, D. José Montojo, D. Cecilio Pujazón y D. Simón de Manzanos.

- La tercera (tienda de campaña) era de la comisión de astrónomos portugueses, compuesta de los eminentes doctores Rodrigo Ribeiro de Souza Pinto, Jacinto Antonio de Souza y Juan Carlos de Brito Capello.

- Independiente de estas, se alzó en un monte otra tienda donde se situaron el célebre frenólogo Cubí y varias personas científicas de Barcelona.

- Al redorso del Cabo, había anclados el “Indio”, vapor mercante que había conducido una porción de pasajeros de Barcelona y Tarragona, la goleta de guerra Corzo y el falucho del resguardo Sc¡pion.

- La desigual planicie sobre la que se alza el faro, veía se decorada con infinidad de instrumentos ópticos, varios termómetros y barómetros, diferentes cronómetros y muchos aparatos astronómicos. 

- Las comisiones nacionales y extranjeras estaban perfectamente dotadas de cuantos medios ha inventado la ciencia para observar el eclipse. 

- Llamaba, sin embargo, la atención bonito Anemómetro, propio de la comisión portuguesa, que marcaba sin cesar la depresión del aire atmosférico. 

- A las diez y media de la mañana los acordes de la marcha real que resonaban por estos montes, anuncio la llegada al faro de S. A. el duque de Montpensier, acompañado de mi ayudante el coronel Solís y de su secretario el Sr. Cajigal. 

- Con el príncipe, que venía del Desierto de las Palmas, llegaron los gobernadores civil y militar de Castellón, el comandante general del Maestrazgo brigadier Caruana, el diputado provincial Sr. Madramanv, el secretario del gobierno civil, el alcalde de Castellón y algunas otras personas. 

- Las gentes del país corrían por cerros y cañadas a saludar al príncipe, que, en medio de un calor de 29 grados, subía y bajaba cerros como el más experto cazador. 

- Los carruajes habían quedado junto al pueblo de Oropesa.

- Sobre la punta del Cabo había una tienda de campaña, y en ella se sirvió al príncipe un espléndido almuerzo, en el que no faltaron helados, vinos, exquisitos dulces y cuanto la galantería del gobernador y diputación provincial pudo sugerirles para obsequiar debidamente al esposo de la buena y virtuosa princesa doña Fernanda.

- Después del almuerzo, y aproximándose la hora del eclipse, cada cual fue á ocupar su puesto. Me refiero á las personas científicas. Los curiosos vagábamos de uno á otro punto. Los apuntes que voy a consignar los fui tomando de mis observaciones propias, hechas sin pretensiones de ningún género, pues me considero profano á la ciencia astronómica, y solo recuerdo las ligeras nociones que aprendí en las aulas estudiando física; de manera que esta carta solo refiere las impresiones que me produjo el eclipse en mi cualidad de mero y curioso observador.

- La salida del sol, que presenciamos en el vapor “Indio” navegando desde Tarragona a Oropesa, nos hizo temer se aguara la fiesta celeste. Había cerrazón en el horizonte, bastantes nubes al N., aunque por O. estaba claro.

- A medida que el astro se elevaba, la atmósfera se limpiaba, y ya a las nueve quedaba muy poco celaje, siempre al Norte. El barómetro marcaba 26 grados Reaumur. El viento era muy tenue al E. N. E.

- A la una y 57 minutos de mi reló la temperatura era la siguiente:

- Termómetro (sombra) 26,20. Bola húmeda 21,80. Irradiación 110,90. Barómetro 30’022. Termométro unido 78,5.

- En dicha hora (1,57' 15’’) empegó a distinguirse el eclipse hacia el O. con los telescopios y con los vidrios ahumados que usábamos los mirones.

- El anemómetro marcaba en su esfera la depresión del aire atmosférico 0’26.

- El sol presentó exactamente la figura que de ordinario vemos al mirar la luna cuando empieza en cuarto menguante, teniendo algunas manchas que después desaparecieron.

- A las 2,26 se hace ya algo perceptible en la irradiación el tinte pálido de la interposición de la luna, y vuelven á notarse dos manchas hacia la parte oriental.

- A las 2,37 la luz va siendo más opaca. La temperatura baja. Viento flojo al E. N. E., nubes al N.

- A las 2,45 se ve la mitad del disco eclipsado. El termómetro bajó 2 grados. Se observa una gran depresión en el cuerno alto del sol y varias manchas en la luna.

- A las 2,54 se nota más el palidecimiento del Sol. Se sostiene la temperatura. El viento siempre flojo sin variar.

- A las 3,08 empieza a notarse una marcada oscuridad. Oyese entonces la voz del Sr. Márquez, director del observatorio de San Fernando, previniendo, que nadie hablara ni se moviese del pimío en que en aquel instante estuviera.

- Silencio sepulcral, no obstante, los muchos centenares de personas que estábamos re……….

- A las 3’10 oscuridad completa. Instantes supremos en que la naturaleza parecía muerta, oyéndose solo la voz del señor director del observatorio, que contaba, y otro apuntaba, los segundos del eclipse que marcaban los cronómetros que tenía delante, iluminados con luz artificial.

- A los tres minutos y seis segundos empieza a disiparse la oscuridad.

- ¡La oscuridad!, Santo Dios, yo no he visto cosa más sublime ni más imponente. Llevad a Oropesa a Apeles, a Rafael, a Murillo, a todos los genios de la pintura y tirarán la paleta confesándose impotentes para sombrear aquel cuadro. Solo Dios, que es grande y poderoso ha podido imprimir á la naturaleza el tinte de que la vimos revestida.

- La oscuridad del eclipse no es la que nos figuramos y vemos en una noche más o menos tenebrosa. No es la oscuridad del crepúsculo, ni tampoco la que conocemos en los cuadros maestros. Era una oscuridad indescriptible, una oscuridad “sui generis”, una oscuridad sublime y majestuosa que infundía, no espanto, sino santo recogimiento, elevación del alma hacia Dios, ante cuyas maravillas no hubo allí uno que no se prosternara confesando nuestra pequeñez y la grandeza del Supremo Hacedor.

- Me es imposible describir lo que cada cual sintió durante los tres minutos y seis segundos de la oscuridad eclíptica. Los seres animados é inanimados que nos rodeaban, todo quedó mudo y suspenso en aquella revolución calculada de la naturaleza.

- Durante el eclipse vieron se cerca del sol muchas estrellas, resplandeciendo Venus y Júpiter cual en serena y fría noche de enero.

- Hacia la parte N. oímos dos truenos efecto de las nubes que siempre estuvieron constantes sobre aquella  parte del horizonte. Después que el sol se cubrió de su resplandeciente foco, el calor subió mucho. Durante el eclipse la temperatura máxima fue 27º grados, la mínima 21º. 

- Las comisiones científicas permanecerán aquí hasta el 23, exclusivamente solas, pues las gentes que han venido de unos y otros puntos se marchan por mar y tierra.

- El duque de Montpensier se ha marchado a las cinco para Valencia, en una silla de la casa real.- MARIANO CASTILLO.

(Documento 2.º): 

- Canseco Caballé, Manuel (2005): “Eclipses totales de Sol en Castelló de la Plana 1860 y 1905”. Ayuntamiento de Castellón de la Plana, 2005.

ECLIPSE TOTAL DE SOL DE 1860:

- En Oropesa (del Mar-Orpesa) había dos expediciones científicas:

- (1).= Una (comisión científica) española, del Observatorio de Marina de San Fernando, integrada por Francisco de Paula Márquez, capitán de navío de la Armada y director del Observatorio, D. Enrique Garrido, observador de la sección de astronomía del Observatorio de San Fernando, D. Manuel Fernández Coria y D. Agustín Serrano Mayoral, tenientes de navío de la Armada, D. José Montojo y D. Jacobo José Gordón, tenientes de navío del cuerpo de Ingenieros y D. Cecilio Pujazón y D. Simón Manzanos, alféreces de navío,….

 - (2).= Y la otra (comisión científica) portuguesa, constituida por Rodrigo Ribeiro de Sousa Pinto y Jacintho Antonio de Sousa, astrónomos del Observatorio de Coimbra, Miranda, mecánico y Joao Carlos de Brito Capello, astrónomo del Observatorio Meteorológico del Infante D. Luís en Lisboa.

- La expedición de San Fernando empezó a empaquetarlos instrumentos el 30 de junio, trasladándolos al vapor Alerta, bajo el mando del teniente de navío D. Ángel Topete.

- El 11 de julio D. Francisco de Paula llegó a Castelló y el ingeniero civil de la provincia Sr. Bellón le facilitó el vapor, destinado al servicio de los faros, para trasladarse a Oropesa del Mar y le ofreció el piso situado debajo de la torre para hospedarse.

- En Castellón de la Plana  se les unió la comisión portuguesa procedente de Coimbra.

- El 12 de julio al amanecer, llegó el vapor “Alerta” a Castelló. Ese mismo día después de embarcar a los portugueses, llegaron a Cabo de Oropesa (del Mar-Orpesa) a las 10 de la mañana y el día 13 ya estaban establecidos, gracias a la ayuda del Sr. Bellón y del Sr. José de Rivas capitán del vapor “Destello”, al servicio de los faros.

- Estuvieron en el Cabo de Oropesa (del Mar-Orpesa) desde el 14 al 24 de julio, realizando diversos estudios como la determinación del tiempo, en el que se empleó el método de las alturas correspondientes al horizonte artificial, la latitud del faro de Oropesa (del Mar-Orpesa) de 400 4' 53,4", utilizando las estrellas Polar y Altair, empleando círculos de reflexión, y su altura sobre el nivel del mar, que calcularon en 15,229 metros.

- El plan de observaciones, que prepararon junto a la delegación portuguesa, fue el siguiente:

- D. Rodrigo Ribeiro de Sousab y D. Francisco Antonio de Miranda, se iban a encargar de la parte astronómica, cada uno tenía a su disposición un telescopio acromático de Dollon.

- Jacintho Antonio de Sousacy Carlos de Brito, de las observaciones magnéticas y fotométricas, sin descuidar siempre que fuera posible, la observación de la corona y de las protuberancias.

- D. José Montojo y D. Jacobo José Gordón, de la presión atmosférica, la temperatura, la humedad del aire y el termómetro de radiación solar.

- D. Agustín Serrano y D. Cecilio Pujazón, de las observaciones actinométricas.

- D. Enrique Garrido y D. Simón Manzanos, de la descripción de la corona y de las protuberancias.

- D. Manuel Fernández y D. Francisco de Paulae, de medir los ángulos de posición y las magnitudes de algunas de las protuberancias.= (Canseco Caballé, Manuel (2005): “Eclipses totales de Sol en Castelló de la Plana 1860 y 1905”. Ayuntamiento de Castellón de la Plana).

ADDENDA: ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN E. PRADES):

- EL FARO LUMINOSO DE OROPESA FUE CONSTRUIDO EN 1857: La Iberia (Madrid. 1854). 7/3/1857, página 3. “FARO.= En el cabo de Oropesa, provincia de Castellón, se acaba de construir un faro de luz fija, variada con destellos de 3' en 3' y aparato catadióptrico, que alumbrará desde 1.° de abril próximo (1857). Este nuevo faro tendrá un alcance aproximado de 15 millas y se eleva á 81 pies sobre el nivel del mar.

- GRADOS RÉAUMUR: El grado Réaumur (°Ré, °Re) es una unidad de temperatura en desuso. Nombrada en honor de René Antoine Ferchault de Réaumur (1683-1757) que la propuso como unidad en 1731.

- Un valor de 0° Réaumur corresponde al punto de congelación del agua y 80° Réaumur al punto de ebullición del agua.

- Hacia 1730, Réaumur estudió la dilatación del termómetro de alcohol entre el hielo fundente y el agua hirviendo, y descubrió que un volumen de alcohol de 1000 partes pasaba a 1080, por lo que, tomando como fijos estos dos puntos, dividió su escala en 80 partes.

- Por ende, a diferencia de las escalas de Celsius o Kelvin, la graduación de este intervalo corresponde a 80° en la regla de Réaumur. Se asemeja a la escala de grados Celsius en cuanto a que 0° Celsius equivale a 0° Réaumur. Este sistema de temperatura se utiliza en ocasiones para medir la temperatura de los almíbares y los caramelos (Wikipedia).

- CALENDARIO ZARAGOZANO DE MARIANO CASTILLO, CONTENIDOS: El calendario incluye una predicción meteorológica-astronómica no científica del tiempo para un año. El contenido del pequeño calendario viene indicado por el siguiente subtítulo: “Juicio universal meteorológico, calendario con los pronósticos del tiempo, santoral completo y ferias y mercados de España”. Tiene un formato de 15x10cm e incluye la siguiente información: - Onomásticas. - Eclipses del año, tanto de Sol como de la Luna y las horas de éstos, y si son o no visibles tanto dentro como fuera de España. - El estado de la luna en cada mes y los signos del zodiaco, así como las horas de influencia de éstos a tener en cuenta para las recolectas de plantas. - Las estaciones del año y cuando será el Perihelio o acercamiento entre el Sol y la tierra, y el Afelio, el mayor alejamiento del Sol de la tierra. Diciendo incluso a qué hora sale el Sol y la Luna cada día del mes, y también cuándo se pone. - Tiene un apartado muy útil para los feriantes en el que se reflejan las fechas de todas las ferias y mercados de España, para poder acudir a la venta o compra de ganado. -Fiestas movibles. -Festivos. -Cómputo eclesiástico. -Témporas. -Citas celebres. -Proverbios y dichos de los mayores. -Refranes que nos hace recordar de forma amena las inclemencias del tiempo en sus épocas del año…..

BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

- Canseco Caballé, Manuel (2005): “Eclipses totales de Sol en Castelló de la Plana 1860 y 1905”. Ayuntamiento de Castellón de la Plana, 2005.

- Wikimedia.

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